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El hotel de la muerte|| James P. March

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Mensaje por Kai Anderson el Jue Oct 11, 2018 8:59 pm
Cuando las cosas se volvían pesadas, agotadoras sería mejor decir, siempre es agradable poder tomarse un tiempo libre, relajado y al margen de todos los grandes proyectos que de momento ocupaban mi mente. Tenía grandes ideas y la determinación suficiente para llevarlas a cabo, pero últimamente de igual forma me había sentido, principalmente por todas las zorras que me rodeaban, debería considerar seriamente hacer un grupo solo de hombres. Entre vergas siempre hay comprensión y armonía, pero cuando entra un coño chorreante queriendo hacerse el muy genial todo se descontrola, las putas hormonas las vuelven locas y dejan como si tuvieran el cerebro seco.  

Estaba cansado, más porque una de las mujeres que me agobiaba era mi jodida terapeuta, y aun cuando sus palabras de aliento en un principio me motivaron ahora solo las sentía sofocante. Necesitaba tomar un descanso de toda esa mierda, así que aquí me encontraba, en un jodido hotel que lucía como si se fuera a derrumbar de un momento a otro, maldita aplicación para buscar hoteles, ya lo sabía yo, nunca hay que confiar en estas mierdas, fui engañado por el jodido sistema.

Por lo menos en el interior no lucia tan mal, si parecía atrasado como un siglo pero hasta eso tenía cierto encanto, era bastante espacioso sin duda. Al estar frente a la recepción toco la campanilla un par de veces, al poco tiempo sale una vieja para atenderme, lucia de pocos amigos. Pues que bien, porque a mí no me gustaba hacer amistad con viejas zorras.- Quiero una habitación, será por varios días.- la mujer me dedica una mirada escéptica, seguro era una de esos vejestorios que se pensaban que por ser uno joven no tenía para pagar. Suspirando cansino saco mi billetera y dejo un par de verdes sobre el mostrador. “La 64 esta disponible, las otras están siendo renovadas” Solo faltaba que un hotel tan viejo como este no fuera renovado.

Formo una ligera mueca alzando las cejas, luego tomo la llave que me pasa, el llavero era enorme y ostentoso.-Puedo llegar solo gracias, ah y no ocupo que me ayuden con las maletas, solo traigo esto.- hago una señal alzando un poco mi mochila y maleta pues ya miraba aproximarse otro  hombre afeminado, seguro seria el botones, y yo pasaba de darle propina a viejos inútiles. Por sus caras me imagino que eso les molestaría pero no me importa, en cambio me encamino por las escaleras, así podría ver los señalamientos en los pasillos y saber por dónde debía de ir. Con forme más avanzaba me daba la impresión de que todos los inquilinos deberían estar locos, seguro que lo estaba. Gritos y gemidos salían de algunas puertas, desde otras el inconfundible sonido de golpes, de piel cediendo ante una buena sesión de sado. Joder, con menudos vecinos tendré que convivir.

Luego de un rato al fin consigo dar con mi habitación, un enorme 64 en el centro de la puerta, lucia mucho mejor que todas las anteriores.- hogar dulce hogar.- sonriente meto la llave y giro el pomo; al entrar compruebo que ciertamente era más grande de lo que me esperaba, debía ser alguna clase de suite o algo por el estilo.

Cierro tras de mi la puerta, tiro mi maleta sobre una pequeña mesa de centro y luego voy directo a la cama donde me lanzo cual largo soy. Bastante aceptable el lugar, la cama era cómoda y eso era un punto a favor. Me estaba quedando dormido cuando algo, tal vez un pequeño ruido, me despierta y hace que me enderece como un resorte. Allí, en el centro de la habitación, junto a la mesilla donde deje mis cosas estaba parado un hombre vistiendo una impecable camisa blanda y un pantalón con jodidos tirantes. ¿Enserio? Con esas pintas parecía un jodido hípster de mierda.- Eh tío disculpa pero esta habitación ya está ocupada.- Bostezo cubriendo mi boca, ya sentado en la orilla de la cama.- como rayos entraste aquí? Esto es un grave problema de seguridad del hotel.
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Mensaje por James March el Jue Oct 11, 2018 10:07 pm
EL HOTEL DE LA MUERTE
HOTEL CORTEZ — Kai Anderson
El hotel Cortez, he de decir que invertí mucho tiempo en este hotel que me ha dado todas las satisfacciones posibles que cabía imaginar. A parte, de poder dar rienda suelta a mis instintos criminales, que apaciguaba con alguna que otra víctima que se hospedaba en mi hotel. Aunque mis años dorados, esos años veinte que añoraba en cierta manera, había terminado. El mundo que conocía estando vivo había revolucionado, eso y las tecnologías de ahora que no entendía demasiado pero sabía qué función tenía cada una de ellas. Ah! Sí, que vida había vivido en aquellos oscuros pasadizos del hotel, acechando a mis victimas sin remordimiento alguno.

Igual nada de allí había cambiado, ni mi gusto por asesinar a todo aquel que me parecía un estorbo en la sociedad o alguien cuya muerte no echara en falta. Hablaba de las prostitutas o traficantes de drogas que normalmente se alojaban en mi hotel para así satisfacer sus gustos, aparte de introducirse en las venas una buena dosis de lo suyo. Pero hoy me ha llamado la atención la de un  joven que parecía diferente. Sería su comportamiento o ese cabello cobrizo enmarañando que lucía. O posiblemente fuera su forma de andar.

No sé, pero intuía que ese jovenzuelo era la persona que esperaba que satisficiera mis gustos un tanto peculiares.  Así no dude en visitarlo para verle de más de cerca y poder así aclarar mis dudas al respecto. Puede que esté equivocado o no. Justo cuando iba pasar por el pasillo me cruzo con Elizabeth junto a su acompañante. Como detestaba a ese tipo que había ocupado mi puesto, pero no me importaba lo más minino, porque carecía de empatía para importarme de que mi esposa mantuviera relaciones sexuales con otro hombre en el hotel. Siempre pensé que mi ex esposa tenía gustos tan especiales como los míos propios.

Aunque quien verdaderamente había llamado mi atención era aquel joven, que me había fascinado en cierta manera. El cual, no dude en visitar mientras dormía en la habitación en la que se había hospedado. –Jovencito deberías dirigirte a mí como el dueño de este hotel.  James Patrick March, un placer. –Me sirvo una copa de whisky ante la mirada del joven –Te he visto nada más entrar en mi hotel. Puedo intuir lo perdido que te sientes.

Déjame decirte, yo también he estado en tu lugar como cuando tenía tu edad.  Pero me di cuenta de algo, nada me llenaba ese vacío que sentía en mi interior. Ni las drogas, de hecho probé de todo tipo. Pero nada, continuaba sintiéndome un enorme vacío en mí. Entonces me di cuenta que en verdad lo que más me satisfacía era arrebatar la vida a alguien. De ese modo conseguía llenar ese hueco. –
Le sirvo al chico otra copa que le alcanzo, para sentarme en unos de los lujosos sofás de la sala. –Así que estas aquí para evadirte del mundo. Alejar así tus demonios. Has venido el lugar correcto. –sonríe con cierto perversidad degustado en mi paladar mi bebida.

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Mensaje por Kai Anderson el Jue Oct 11, 2018 11:43 pm
¿El dueño de este hotel? ¿Enserio? ¿Eres un jodido fantasma?.- Tal parece que los fantasmas me seguirían a lo largo de la vida, aunque ya comenzaba a acostumbrarme a toda esa mierda sobrenatural, esta debería ser otra señal de que yo soy el elegido para sembrar el caos en esta era.- No es la primera vez que me topo con fantasmas así que estoy acostumbrado.- bastante más relajado de lo que debería me levanto al fin de la cama, bostezo estirándome un poco, mis huesos crujen luego de haber estado tanto rato en una posición no necesariamente cómoda.

Ya pues un gusto, señor March, mi nombre es Kai Anderson.- Tomo la copa que me ofrecía, al instante le doy un buen trago, era whiskey del bueno, no de ese que te ofrecen como cortesía en hoteles baratos, este era bastante bueno.- Así que te sentías como yo, eso es interesante, porque yo me siento como el único cuerdo de esta sociedad de mierda, me hartan toda esa moralidad falsa, hipócrita, odio a las zorras que pretenden hacerse las muy poderosas y quieren superar a los hombres cuando claramente eso jamás pasara, no basta más que meterles un dedo en el coño y regresarlas de vuelta a la cocina donde pertenecen.- De un trago me acabo el resto de alcohol, hablar de estos temas siempre conseguía enardecerme.

Camino despacio hacia él, el hombre se miraba realmente cómodo sentado, eso me provocaba cierta admiración. Ante mi tenía a un hombre seguro de sí mismo y de su propósito en la vida, o el la muerte en este caso.- Eres un asesino, eso me agrada, tal vez pueda aprender algunas cosas de ti.- me dejo caer junto a en el sofá, sentado un poco de lado para poder seguir viéndolo, mostrando así total interés por lo que pudiese decirme.- asi es, estoy aquí porque quise desconectar de todo, me harte del mundo de mierda, de todas esas zorras por las que estoy rodeado y los hombres cobardes que se supone me han jurado lealtad.- por un instante mis ojos se cierran, echo hacia atrás la cabeza, suspirando con pesadez. No dudaba de mis hombres, todos habían sido elegidos y comprobados por mí, en cada relato nocturno comprobaba que me serian leales hasta la muerte así que allí no estaban los problemas, estos eran más bien originados por su cobardía, por la forma en que prácticamente se mojaron en los pantalones a ver a unos simples fantasmas, eso es patético e inaceptable.

Aun asesinas? Aun después de muerto?.- le miró fijamente, estando así, frente a frente no lucia tan mal, me preguntaba de qué manera habría muerto.- este hotel luce bastante viejo y deteriorado, así que dime, de que maneras te puedes divertir aquí?.- me recargo más apoyando mi espalda en el respaldo del sofá, la mirada perdida en el techo, así permanecí un buen rato, tal vez un minuto antes de volver a hablar.- tienes algo de droga amigo? Yo no traigo nada, no iba a arriesgarme a ser detenido como un gilipollas por la policía, menos por una tontería así, solo traigo conmigo unas pastillas y no son tan fuertes la coca.
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Mensaje por James March el Vie Oct 12, 2018 7:36 pm
EL HOTEL DE LA MUERTE
HOTEL CORTEZ — Kai Anderson
Le escucho atentamente hablar sobre que no era el primer fantasma que había presenciado antes. -Eso es fascinante jovencito. De hecho, me recuerda a un fotógrafo llamado Kirlian. Él me confesó que usaba la electricidad para fotografiar las auras de las personas. -Terminé mi copa para levantarme del sofá, dirigiéndome hasta donde estaba el joven que empezaba a despertar mi interés un poco más. –Desde luego quede fascinado con esas auras que fotografía. Incluso con el tiempo, llegue a fascinarme, tanto, que logre a ver esas auras. He de decir señorito Anderson. Que nada más verte quede impactado con tu aura. La mayoría, suelen tenerla roja o purpura, cuando suelen ser muy místicos. –

Guardo un momento de silencio –La tuya es de un negro profundo. He de decir que me siento fascinado por ello. –Observe el movimiento del joven en todo momento.  –Así que señorito Anderson. Has encontrando finalmente tu vocación. Magnifico, así podrás apreciar todas las habitaciones que personalmente hice construir en el Cortez. Habitaciones secretas, paredes falsas, fosas de ácido, cámaras de asfixia. – Comente paseando por la habitación mientras el permanecía con esa mirada segura de sí mismo.

Esbocé una sonrisa ante el comentario con respecto a la sociedad en la que vivíamos hoy en día. –Ah! Todo ha cambiado desde los años veinte. –Termino de preparar mi pipa de fumar, sin dejar de prestar atención su odio hacía a las mujeres. –Yo una vez estuve enamorado de una mujer. Le di todo lo que anhelaba, riquezas, una vida llena de comodidades pero no era suficiente para ella –Llevo la pipa a mi boca dando una calada. Rememore el instante en que me sentí traicionado por mi esposa Elizabeth, quien mantenía una relación con un famoso italiano actor y su esposa.

–Jovencito, dejemos ese tema aparte.  –Di otra calada a mi pipa de fumar con el ceño fruncido, ante su pregunta refiriéndose a mi época anterior en la que empecé a matar. – ¿Conoces a Aileen Wuornos o Jeffrey Dahmer? Yo fue su mentor. Yo, les mostré el camino a seguir para ser los mejores asesinos de la historia. Desde luego, no todos llegaron a seguir ciertas pautas establecidas, a consecuencia de ello cometieron pequeños errores que les llevo a delatar. Por eso estoy en contra de seguir un patrón –Le observo cómo se sienta en el sofá bastante fascinado por lo que le estaba contando. –Estas lleno de ira señorito. A veces hay que dejarla salir, si no te dará cáncer por retenerla tanto tiempo en tu interior. -Sonreí bastante convencido de llevar a este joven a una buena dirección.

-¿Asesinar? No, lo deje hace un tiempo. Cuando di por finalizado mi gran obra “Los diez mandamientos” ¡Ah, sí! Magnifica, desde luego. John hizo un trabajo exquisito, sin duda. Desde entonces no he vuelto a asesinar.  Aunque, puedo hacer excepciones si eso hará de ti un asesino en serie digno, que una vez muerto sea recordado por sus crimines.  –Hago una mueca cuando hablaba así de mi palacio. –Los años han pasado y el Hotel sigue en pie gracias a sus trabajadores, quienes se han asegurado de que continuara siendo algo después de tantos años, esto es como una especie de museo turístico. Deberías haberlo visto en sus años dorados, lo resplandeciente que era. Grandes hombres de negocios visitaban mi hotel, muchos acabaron atrapados debajo de las paredes de este lugar. Yo personalmente les daba la bienvenido a mi manera. –dije sonriendo con cierta malicia, tras recordar con orgullo mis crimines de antaño.

- Dime ¿Has visto mi armario negro? –Le hago una señal al chico para que me acompañara por la habitación. - Hay partes de mi palacio del homicidio que han sido descuidadas demasiado tiempo. Ya va siendo hora de que alguien les de uso. –Me paro un momento para mostrarle la habitación donde aun se apreciaba la calavera del hombre que empale con el pincho. –Aunque debo decirte que tenemos códigos de conducta jamás dejamos evidencias. Construí este hotel para esconder evidencias ¡Por supuesto! –Volví a cerrar el cuarto para que me acompañara Kai afuera. –acompañe
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Mensaje por Kai Anderson el Dom Oct 14, 2018 5:30 pm
No dejaba de fascinarme por todo lo que tenía James por contarme, cada detalle por insignificante que pareciera para mi pera como un tesoro, si era verdad lo que este sujeto decía, era no solo uno de los más grandes asesinos de la historia, sino también un maestro invaluable, y que él tuviera interés en mi… eso solo demostraba que estaba yendo por el camino correcto, que mi destino era ser el elegido, aquel de cuya estirpe nacería el mesías que gobernara esta nueva era de caos que yo le heredare.- Nunca antes había escuchado eso de las auras, pero creo que es de puta madre, y que tú puedas verlas así nada más… joder tío, eres el puto amo.- no era muy común que alguien se ganase mi admiración tan de repente, pero este hombre, o fantasma, lo consiguió, y nada me haría más feliz que tener el honor de aprender de él.

Realmente construiste aquí un palacio del crimen.- reconozco mientras le seguía, curioso, cuando me muestra aquel compartimento secreto, la oscuridad reinaba allí, pero la escaso luz que penetraba fue suficiente para dejarme ver los enormes pinchos en los que aun descansaba la osamenta de algún pobre infeliz.- que buen trabajo hiciste, a mi aun me falta demasiado por recorrer si quiero ser reconocido, si quiero que me alaben y rindan culto como a un dios.

Aun luego de que cerrara nuevamente la puertilla oculta no podía dejar de admirar el cuidado detalle que se había puesto en todo la construcción, si esto era solo una de muchas trampas mortales regadas  por todo el hotel simplemente me quedaba sin palabras.

Un tanto aturdido dirijo mi atención nuevamente hacia James, en vida debió haber poseído una gran fortuna como para permitirse tanto lujo.- A donde me llevaras?.- Tal vez sería confiar en él sería lo más tonto que pueda hacer, pero como ya le dije esta no era la primera vez que me relacionaba con fantasmas, y sigo con vida así que a qué más puedo temer.- me enseñaras otros secretos de tu palacio?.- una sonrisa torcida se forma en mis facciones, delatando lo emocionado que me encontraba ante esa perspectiva.- ¡Andando viejo! Quiero que me lo muestres todo.
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Mensaje por James March el Dom Oct 14, 2018 10:56 pm
EL HOTEL DE LA MUERTE
HOTEL CORTEZ — Kai Anderson
Observa la expresión del joven entusiasta – ¡Esplendido! Pues antes de nada desearía ver cuanta oscuridad hay en tu alma. –Le conduce hasta unas de las habitaciones donde se había hospedado una mujer, quien la mayoría de las veces citaba a sus contactos al Hotel para luego mantener encuentros carnales con ellos. –Jovencito. Hoy voy a ponerte a prueba –Le abre la puerta para ver  a la mujer tendida en la cama con las piernas abiertas desnuda.

Ella no sentía ningún tipo de pudor mostrarse de esa manera a cualquier que entrara en la habitación. Pero su expresión cambia a ver a dos hombres frente a ella. Empieza a maldecir diciendo palabrotas, por atreverse entrar en su cuarto, sin avisar. Se levanta para empujarles pero March actúa rápidamente le vuelve a empujar en la cama, mientras esta se intenta defender de su agresor.  –Ahora es tu momento Kai–Se levanta para tomar su pastón el cual desliza su mano por él,  para sacar el puñal que guardaba dentro y entregárselo a su nuevo pupilo. –Cortarle la garganta a la perra. –La mujer forcejea  mirando con odio a ambos.

Pataleaba con la esperanza de que algunos de aquellos golpes le dieran. Maldecía escupiendo palabrotas. –Que escena más sublime –Se separa para cerrar la puerta y observa detenidamente a la mujer quien no dejaba de gritar, de patalear como una demente –Recuerda. Tienes que matarla de manera teatral. Para empezar deberíamos de silenciar a esta señorita. Shh, calma todo terminara en unos segundos – March, le agarra de la cabeza para esperar a que su nuevo pupilo actuara de una vez. La mujer se queda mirando a James quien mantenía la cabeza de ella entre sus manos. –Querida, no me hagas arrancarte la cabeza. Créeme que me pones a prueba. –No  pudo evitar el rememorar cuando mantenía relaciones sexuales con la víctima al mismo tiempo en que las asesinaba de forma despiadada. Siempre con su máscara puesta mientras lo hacía.


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Mensaje por Kai Anderson el Lun Oct 22, 2018 10:36 am
Ni por un segundo dudo en seguir al dueño del hotel a donde fuera que me quisiera llevar, este lugar era verdaderamente enorme, por más que pareciera sacado de una peli vieja no podía dejar de reconocer que me impresionaba de algún modo. Pronto nos detenemos frente a una habitación que James abre sin más miramientos, dejándonos contemplar a la mujer que allí yacía. Una puta sin duda, no me extrañaría que estuviese esperando a su amante de turno. Pues que mala suerte le toco, porque a mí me daba asco la sola idea de tener que cogerme su coño viejo y usado.- Es una pérdida de tiempo matar a una zorra como esta, ni siquiera conseguirá que se me ponga dura.- aun luego de haber protestado un poco tomo la pequeña espada que me tiende, durante unos segundos la observo bien en mi mano, me pregunto cuántas vidas habría arrancado ese bien cuidado filo.

Luego de un momento regreso mi atención a la zorra que no dejaba de gritar y patalear, se movía como un gusano en un fogón, retorciéndose como si con eso fuera a lograr escapar.- Maldición ya cállate de una vez.- una ramera como esa no me daba más que asco, con determinación me aproximo un par de pasos hasta estar sobre ella, con un rápido movimiento corto su cuello con la fina hoja. Abundante sangre sale a borbotones pero la mujer aún no estaba muerta, lo podía saber por la forma compulsiva en que buscaba aire, el sonido sibilante producido por su respiración salir directamente de la tráquea cercenada me provocaba arcadas.- ¡Joder dije silencio!.- totalmente fuera de mi comienzo a apuñalarla una y otra vez, con la espada rasgo su piel hasta que se salen algunos intestinos; así durante tal vez un minuto hasta que no puedo más.

El arma cae de mis manos temblorosas, bañadas en sangre como todo yo. No se porque, pero de pronto mis extremidades no pueden mantenerme firme asi que termino por derrumbarme a un lado de la cama, el rostro oculto entre mis brazos para no dejar ver al fantasma mi patética forma, gimoteante sin ningún motivo aparente. Me sentía patético, débil, una completa basura, pero en cuanto mas de esos pensamientos me llenaban la cabeza mi llanto se hacia cada vez mas fuerte.
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Mensaje por James March el Mar Oct 23, 2018 10:33 pm
EL HOTEL DE LA MUERTE
HOTEL CORTEZ — Kai Anderson
No se callara si no la haces callar, Kai. –observa atentamente al joven quien no dudó en cortar el cuello de su víctima. Un torrente de sangre escapa de la garganta de la mujer que empezaba ahogarse -¡Sublime! –a March le gustaba el ímpetu del joven, luego de asestar a su víctima varias apuñaladas en su cuerpo acabando así con su vida.

Luego tras terminar su obra Anderson deja caer el puñal al suelo comienzo a temblar. – ¡Oh! – ve como Kai gimoteaba tras haber arrebatado la vida a aquella mujer sin una pizca de compasión. Ahora se encontraba sentado en una esquina de la cama agarrándose las piernas.

 –Vamos jovencito –Le acaricia el cabello y se arrodilla para sujetarle el rostro con ambas manos. Saca su pañuelo para secarle las lagrimas con mucha delicadeza  – Ahora tenemos un trabajo que realizar. Para empezar, un buen asesino jamás deja evidencias en la escena del crimen. Siempre tengo un dicho –se levanta tomando su puñal que limpia con sumo cuidado con su pañuelo para luego volver a guardarlo en su funda de pastón.  –Si no hay cuerpo no hay delito. Por esa razón construir este lugar. Para borrar todo tipo de evidencia. Señorito Anderson, es hora de que aprendas mi arte.  –Le levanta con cuidado esbozando una ligera sonrisa macabra dibujada en su rostro –Hay que deshacerse del cadáver–Dirigió una mirada al cadáver de la joven descuartizada. Que había dejado las sabanas cubiertas de su sangre como de sus excrementos –Un escenario esplendido.

Ahora empezamos envolver el cadáver de la joven en las sabanas. Luego cuando termines me acompañaras hasta el lugar donde nos desharemos del cadáver. –
Se queda a que lo hiciera mientras da una calada a su pipa de fumar y  se sienta en el sofá.  Al fondo de la misma habitación se escucha una vieja canción de los años 20. James esboza una sonrisa memorando aquella época dorada donde el glamour era el plato principal. Por aquel entonces las cosas no eran tan avanzadas como ahora, con tanta tecnología. –Como siempre les dicho a mis pupilos. Debemos de seguir ciertas directrices. De eso modo podrás no solo matar a tres o cuatro personas. Podrás matar e incluso a más de trescientas –le explica dando otra calada a su pipa. –En el hipotético caso de que no encuentre alguna evidencia que te delate.


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Mensaje por Kai Anderson el Miér Oct 31, 2018 4:22 am
Pasado unos instantes consigo tranquilizarme, aunque en gran parte es gracias a que me sorprendí demasiado por la forma de reaccionar de James ante mi repentino quiebre. Pude imaginar que se burlaba o me juzgaba diciéndome lo inútil que era, pero no fue así, y sentir que con cuidado limpio las lágrimas de mis mejillas consiguió extrañarme lo suficiente como para detener el ataque de pánico. Por varios segundos aun tuve que permanecer sentado en el suelo, ahora con la vista alzada, siguiendo los movimientos del dueño del hotel quien no dejaba de darme instrucciones y explicar lo que se debería hacer con el cadáver en esta situación.

Parpadeo un par de veces antes de conseguir retomar el control de mi cuerpo, entonces solo asiento con la cabeza antes de ponerme en pie. Se sentía bien recibir amabilidad de alguien a quien admiro.- Entiendo.- tan pronto como mis extremidades vuelven a obedecerme procedo a enrollar las mantas sobre las que había quedado tirado el cuerpo, todas estaban hechas un desastre por toda la sangre. Luego de arreglármelas y tener el cadáver bien envuelto lo levanto con algo de esfuerzo, menos mal que estuve yendo durante un tiempo a un gimnasio, de lo contrario hacer estas cosas sería muy complicado.- Que hay que hacer ahora?.- en ese momento entra a la habitación una mujer con uniforme del servicio, tarde algo de tiempo en comprender que ella también era un fantasma.- Valla, debe de gustarte mucho el trabajo si haz seguido haciéndolo aun luego de muerta.- no importa si estaba viva o muerta, una mujer seguía siendo solo una zorra desgraciada así que no me molesto en prestarle atención.

Esperaba a que el dueño del hotel me diera las siguientes instrucciones, y de preferencia que no tardara demasiado porque no me apetecía especialmente permanecer mucho más tiempo cargando un cadáver, creo que la perra se había meado mientras la acuchillaba así que todo el jodido cuerpo sobre mi hombro apestaba como mil demonios.- Bien así que por mientras la sacare al pasillo, no combina nada con el ambiente de la habitación.- doy un empujón para acomodármelo mejor y encaminarme hacia la puerta, estaba a punto de dejar caer el bulto en pleno pasillo cuando reparo en el conducto situado en el extremo más lejano.- Ey amigo, puedo tirar esta cosa por allí?.- me giro solo lo suficiente para poder mirarle, así alcanzo a ver como la mujer de la limpieza se disponía a fregar el regadero de sangre que habíamos dejado.- ¿Qué tal un poco de ayuda? Esto ya me esta cansando.
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Mensaje por James March el Jue Nov 01, 2018 8:37 pm
EL HOTEL DE LA MUERTE
HOTEL CORTEZ — Kai Anderson
Esboza una sonrisa macabra observando como el joven enrollaba el cadáver en las sabanas ensangrentadas. Da una calada a su pipa de fumar pasea por la habitación con la cabeza levantada, mientras explicaba a Kai los inconvenientes de dejar pistas en la escena del crimen. Se da la vuelta mirando  a su nuevo aprendiz –Ahora acompañarme, señor Anderson. –Justo en ese momento Miss Evers aparece en la habitación bajando la mirada. - Ah! Miss Evers, justo a tiempo para limpiar el desastre. Ocupase de que todo quede impecable. –Él aun se sentía traicionado por ella, por haberle delatado, de no ser así hubiera completado su obra.

La mujer asiente para ponerse a trabajar en su labor mientras March  acompañaba al joven afuera, para que pudiera arrastrar el cadáver hasta el otro pasillo. – ¡Esplendido! –Exclama con entusiasmo  al ver que el joven empezaba a espabilarse. –Estas aprendiendo –Se acerca hasta el conducto mirando en su interior. Rememorando a las víctimas  que se había deshecho en aquellos días en los que pasatiempo favorito de March era asesinar de manera discriminada   –A cuantos he matado y he arrojado su cadáver dentro. A unos cuentos diría. –Se separa para admirar al joven como hace su trabajo. El cual le costaba esfuerzo levantar el cadáver por sí mismo  –Deja que te ayude jovencito –Le ayuda levantando el cadáver por la parte donde estaban sus piernas lo lanza por el conducto. Se escucha el estruendo sonido del cadáver chocar contra algo solido –Así es como nos deshacemos del cadáveres.

Deberías ver mis obras maestras. Te las mostrare un día de estos. Pero antes porque no hablamos. Déjame invitarte a cenar en mi habitación –Le acompaña al ascensor para pulsar el número 7 –Siento que aun tienes remordimientos que te aferras a lo que está bien o está mal. –Se dirigieron hasta un largo pasillo donde se apreciaban muchas habitaciones. Se para frente a la puerta cuyo número es  el 78.

Allí se podía apreciar el decorado tan cuidado como en otras habitaciones del hotel. Al fondo se escuchaba una vieja canción de jazz de los años veinte que daba un toque más clásico –Siéntate, ponte cómodo. Deja que te sirva una copa. –Coloca dos copas para llenarlas de absenta, luego se dirige a su invitado para ofrecerle la copa mientras lo observaba –Es absenta. Si, es una bebida ilegal pero aquí no importa demasiado. ¡De un trago! –Se lo bebé de una sola vez deja la copa encima de la mesa. Se acomoda para sentarse en unas de las sillas mientras espera a que Kai se abriera a él –Cuéntame Kai ¿Cuáles son tus aspiraciones en la vida? Que te ha llevado hasta mi palacio. –Quería saberlo todo de su nuevo invitado, indagar en su vida, en todo lo que le motivaba y  lo que hacía perder el control.



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Mensaje por Kai Anderson el Mar Nov 13, 2018 8:57 am
Con la ayuda del fantasma resulta mucho más fácil levantar el cuerpo y echarlo por aquel ducto que aparentaba ser uno donde las personas comunes echarían la ropa sucia, debía admitir que ese detalle tenía cierta gracia, como un modo bastante eficiente de deshacerse de un cuerpo.- sonó bastante profundo, a donde van a caer? ¿Y qué rayos haces para que todo el jodido hotel no apeste?.- suspiro profundo, luego sacudo un poco mi ropa y restriego las manos sobre el pantalón; lo cierto es que debería regresar a mi habitación para cambiarme y deshacerme de esta ropa irremediablemente salpicada con manchas rojas, pero puesto que a James no parecía mucho mi desalineado estado decidí que a mí tampoco tenía porque afectarme, al parecer todo este hotel era como una maldita cámara de muerte.

Una vez en entramos a la que era su habitación paso la vista por todo el lugar, la estancia era bastante amplia, mucho más grande que en la que me habían dado a mí para hospedarme.- joder con este lugar, realmente que querías vivir como un rey.- con pocos modales me dejo caer en uno de los sofás, bastante cómodo debo decir, se notaba que el hombre frente a mí en su momento se encontraba podrido en dinero.- Sabes, me sorprendes, para ser el dueño de este hotel y sin duda ser un puto rico pareces un tío bastante legal, me habría gustado conocerte mientras estabas vivo, aunque supongo que eso fue hace varias décadas.

Me echo hacia adelante y extiendo la mano para tomar la copa que me ofrecía, al instante reconocí su contenido por lo que una sonrisa ladina se forma en mi rostro, hasta el momento no tuve la oportunidad de probar la absenta, resultaba genial que por fin podría hacerlo.- ¡Salud amigo!.- de un trago vacío el contenido, tan rápidamente que para cuando siento el sabor amargo ya lo bebí por completo, una sensación de calor se va apoderando poco a poco de mi cuerpo partiendo desde la tráquea hacia los intestinos, luego todo el estómago y pecho.- Uff sí que esta buena!.- con un ademan exagerado coloco la copa sobre la pequeña mesita de centro.- enserio quieres hablar de eso? Como una especie de consejero estudiantil?.- resoplo con fastidio dejarme caer de nuevo hacia atrás, el sofá estaba tan mullido que dormir en esta posición no sería nada difícil.- Esperaba que mejor me contaras que clase de entretenimiento se puede conseguir aquí, aparte de asesinar perras claro.

No me apetece para nada tener que hablarle a este sujeto demasiado de mí, estaba bastante reacio a eso, pero su expresión me dice que no piensa desistir en sus intenciones, y siendo que hasta ahora solo me ha mostrado hospitalidad me siento en la obligación de comportarme aun cuando no sea precisamente mi estilo.- De acuerdo, lo cierto es que solo vine a este hotel en busca de un pequeño descanso, mi vida es bastante estresante, aunque no puedo quejarme, las responsabilidades son parte todo el poder que recae sobre mí. Yo aspiro convertirme en un dios, ser recordado durante generaciones como el guerrero incansable que cambio el mundo entero, harán estatuas, templos de mí donde me rendirán culto. A eso es a lo que yo aspiro.
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Mensaje por James March el Mar Nov 13, 2018 8:27 pm
EL HOTEL DE LA MUERTE
HOTEL CORTEZ — Kai Anderson
Esboza una sonrisa ante las palabras del joven entusiasta mientras se encendía su pipa de fumar tranquilamente. Da una calada soltando el humo con la ceja levantada, ante la actitud de Anderson quien parecía desear empezar su elección de cómo llegar a ser un buen asesino serial.

–No –Le responde ante la pregunta de si sería como un consejero estudiantil. O algo parecido –Más bien quiero adentrarme en tu mente. Conocer más sobre el joven que se ha hospedado en mi hotel. –March le observa mientras contaba las razones por las que estaban en aquel hotel. Quería huir alejarse por unos momentos de la presión que empezaba a doblegarlo–Así que pensabas huir de la presión social en la que has estado expuesto. ¡Esplendido! –Exclamó entusiasmado para dar otra calada a su  pipa con una sonrisa en los labios  –Yo veo a un joven que necesita con urgencia aprender el significado de ser un asesino en potencia.

Tú mensaje será extendido por todo el mundo. Serás alguien poderoso, sin duda. Político, tal vez.  Capaz de mover las nuevas generaciones en las que están desbocadas a perder estrepitosamente. –
Se levanta de su asiento caminaba hasta unos de los sofás frente al joven para sentarse frente a él –Si, Kai. Puedo ver como tu aura aparte de ser negra, aun te sigues aferrado a ciertos aspectos de tu vida que se convierten en tu lastre, uno que debes eliminar si tu propósito es llegar a ser alguien importante.

Recuerda para ser un buen asesino debes introducirte en la mente de tu victimas. No en el sentido literal pero ya me entiendes, debes ser más listo y  adelantarte un paso más por encima, para demostrar quien en verdad es el que manda. Tú, y solo tú debes entender que el arte de ser un asesino consiste en no dejar evidencias.

Por eso este lugar es perfecto para borrar pruebas que te perjudiquen. Sin embargo, mi coto de caza se reduce a este lugar más allá de esto, no me queda nada más que ver pasar el tiempo. -
Se levanta para sentarse a su lado colocando su mano sobre el hombro del más joven–Yo te enseñare a ser un asesino. Te guiare como un maestro para que no pierdas ningún detalle. Recuerda  cuando sientas la necesidad de matar, hazlo con clase, no como un asesino mediocre. Has como yo…-Se saca la pipa de la boca –Induce a otros a que te hagan el trabajo sucio. Llevarlos hasta al límite, uno por uno, como piezas de un ajedrez vas avanzando para conseguir tu propósito, y ganar el juego. Sabes a que me refiero. Solo tú mueves las fichas que colocas ordenadamente sobre el tablero conforme vas avanzando.

No lo hagas apresurado –
le explicaba como lo haría, como aprendió a matar, sobre todo, a convertirse un asesino sin escrúpulos como era March. –Te contaré una cosa. Mi padre era un devoto, iba a misa todos los días. Cierto día ahogo a un gato en una tina por maullar demasiado alto. Es eso a lo que quiero llegar… ¿Crees en dios Kai? Todos aquellos obreros a los que asesine rezaban a su dios. Yo me reía, por supuesto. Le dije ¿Dios te librara de este martillo que golpeara tu cráneo? ¡No! Por supuesto, que no. Así con el mismo martillo que le mostré golpeé su cráneo. –Se levanta moviendo las manos explicando todo lo que hizo antes de su muerte. Luego guardó un momento de silencio para darse la vuelta mirando al joven con la ceja levantada– ¿Qué harás cuando salgas de aquí?




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Mensaje por Kai Anderson el Jue Nov 15, 2018 5:39 am
Se a lo que te refieres, en mi secta, yo tengo bien controlados a todos mis hombres, a muchos de ellos los escogí personalmente, los puse a prueba para asegurarme de que no me traicionaran,  y si veo entre ellos a un elemento débil no dudo en deshacerme de él, certero y letal, justo como debe ser.- Aunque aún  con todas esas medidas que he tomado, no puedo sacarme de la cabeza la idea que podría haber un topo, un maldito espía que finalmente no dudara en ponerme una puta pistola en la espalda, y ese  pensamiento es el que más me enloquece, sentir la  impotencia por no poder hacer nada, por tener que limitarme a esperar a que cometa algún fallo, que me de cualquier indicio de que es él el infiltrado y entonces liquidarlo.

Mantengo en todo momento la mirada fija en March, lo cierto es que me sentía deslumbrado, como una polilla se siente atraída por una bombilla, justo asi, aun cuando solo fuera un fantasma no puedo negar toda la sabiduría que posee, cuantas almas infelices no habrán encontrado su final a manos de él, cuantas cosas maravillosas me pondrá ensañar si yo lo permito, cosa que por supuesto que hare, porque puedo reusarme a admitirlo  pero la verdad es que esto, esto es lo que necesito muy en el fondo, necesito de alguien en quien poder apoyarme, en quien pueda confiar y que en aquellos momento de debilidad me guie, necesito todo aquello que el bastardo de mi padre no pudo darme.

Se que aún hay muchos aspectos en los que debo mejorar, pulirme para lograr cumplir mi propósito de ser alabado como un dios, así que con gusto aprenderé todo lo que puedas enseñarme.- me echo un poco hacia adelante en el sofá.- una vez me marche de este hotel deberé regresar con mi grupo, debo comprobar que ninguno de ellos se descarriaran, que sigan tan o más fieles que en un principio, entonces continuare con mi propósito de volverme presidente. Sé que es un camino largo pero confió en que podre lograrlo, una vez este de nuevo con mis soldados los organizare para llevar a cabo una de mis ambiciones, la noche de las 1000 Tates, en donde asesinaremos a 1000 mujeres embarazadas junto a sus fetos, ese será mi obra máxima.

Me pongo  en pie frente a Mr March, todo lo que el decía, todas sus cuestiones me parecían de máxima importancia, este hombre podría hacer por mi mucho más que la zorra usada que tengo por terapeuta.- No creo realmente en Dios, pero  lo considero un medio invaluable para dominar a los idiotas.- avanzo un par de pasos aproximándomele mas.- la idea de que una putona llamada Maria pario a un mocoso con superpoderes me parece ridícula, aunque yo, yo si que me volveré a un dios, lo sé, confió en ello, porque puedo sentirlo como  un puto poder cósmico que me envolviera, impulsándome, diciéndome “¡Adelante Kai! ¡Adelante! Tú te convertirás en el próximo salvador” En eso es en lo que creo.

Pero por favor háblame más de ti, porque todo eso que dices sobre las auras y como ser un buen asesino me parece de puta madre, amigo incluso se me podría poner dura solo con eso.- Suelto una fuerte risotada.- dime James, qué opinas de las mujeres? En general, porque a mi me encantan sus coños, más cuando están bien húmedos y calientes pero para otra cosa que limpiar y cocinar dudo mucho que sirvan siquiera. Las mujeres solo desgastan a los hombres, los drenan de su energía y  luego disfrutan contoneándose, moviendo el culo como perras en celo soltando habladurías sobre igualdad y más mierdas de esas, pero al final. Al final, todas se vuelven dóciles gatitas una vez que les das una buena polla.
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Mensaje por James March el Sáb Nov 17, 2018 11:31 pm
EL HOTEL DE LA MUERTE
HOTEL CORTEZ — Kai Anderson
Mr. March esbozaba una sonrisa siniestra mientras escuchaba el parloteó del joven quien tenía muchas aspiraciones en la vida. –Esplendido. Veo que eres un joven con don de palabra que sabe lo que quiere en su vida. No eres como esos descerebrados que van buscando algo que les llena sus vidas vacías. –Le confesó con el mismo entusiasmo que él cuando hablaba con respecto a sus aliados. –Siempre hay un topo. Alguien que te intente arrebatar todos tus sueños y esperanzas que has construido a base de tenacidad. –Da otra calada a su pipa de fumar mirando al Kai con el ceño ligeramente fruncido. –Entiendo que estés así. Pero recuerda que hay que ser suficientemente más astuto que tu enemigo. Debes adelantarte antes de que él lo haga

Sirve dos copas con absenta para luego levantar la copa de un tragó beberla para luego dejarla encima de la mesa. –Señor Anderson. Para pulirte debes conseguir abrir tu mente a nuestras experiencias. En mi palacio encontraras las herramientas que necesites para llevar a cabo tus crímenes. –Presta atención mirando al líder quien le explicaba todo lo que haría cuando abandonara el hotel. –Lástima que no pueda presenciarlo. Daría cualquier cosa por verlo. –confiesa mirando hacía a un lado  -Como te dije Kai. Mi coto de caza se reduce a estas cuatro paredes. –Asintió ante la expresividad en la que hablaba de Dios y sus creencias religiosas quien despertó en Mr. March más interés en el joven por la manera en que hablaba. Soltó una risa ante lo que acababa de mencionar el líder con respecto de ser el salvador.

Cambia de expresión en cuanto se acercaba el joven cuya mirada parecía desear saber todo de su nuevo instructor. –Ah! –Esboza una sonrisa en cuanto dirige su conversación al tema de las mujeres. –Las mujeres…si. –Rememora un instante el día en que se casó con Elizabeth en el Cortez –De hecho me case con una hermosa mujer. Elizabeth, la mujer más hermosa que pudieran ver mis ojos. –le confesó bajando el tono de su voz. Aun le duele todo lo que pasó entre ella y él como acabaron las cosas después de su muerte. –Ella no era como el resto. No…era especial al menos para mí. –se queda escuchando a Kai quien parecía tener un concepto muy distinto con respecto a las mujeres. –Sí. Pero no podemos vivir sin ellas –Él aun esperaba cada mes para poder tener un encuentro con  su ex esposa. –Pero nos divorciamos. De modo que puedo hacer lo que me plaza. Ella también, por supuesto. De hecho quería cortarte para beber de tu juventud. –Intenta cambiar de conversación porque hablar de ello no le apetecía demasiado. –No hablemos de eso. Háblame de la oscuridad que alberga tu alma. Sé que aun pareces más que perdido a pesar de que tener don de palabra, dicta mucho de ti que guardes esa parcela de privacidad.  



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